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lunes, 15 de noviembre de 2010

La música prohibida

Este texto lo escribió el maestro de música del GIM, Iván León, con ocasión de un curso de la universidad en el que tenía que relacionar la música y el derecho. Iván también está participando activamente del Centro de Interés Constitución con los alumnos de primero, segundo y tercer grado.

En estos tiempos en que la “libertad de expresión” está de moda, es paradójico hablar de “música prohibida”. Sólo basta escuchar un “reggaetón” con toda su carga sexual absurdamente explícita, para darse cuenta de que hasta el más falto de prosa poética (por no decir neuronas) puede y tiene algo que decir.

Lo anterior es sólo un ejemplo de los múltiples atropellos al sentido común que nos ofrecen futbolistas, periodistas, narradores deportivos (con ínfulas de deidades) políticos respetados, reinas de belleza, presentadores, en fin, varios personajes públicos que, amparados en la libertad de expresión, se despachan en declaraciones y comentarios tan desafortunados que hacen pensar si aquel derecho es en realidad tan benéfico como parece.

Nuestra constitución Política, en su artículo 20 reza: “Se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar medios masivos de comunicación. Estos son libres y tienen responsabilidad social. Se garantiza el derecho a la rectificación en condiciones de equidad. No habrá censura”

Los derechos humanos en su artículo 19 dicen: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.”

Cito los anteriores artículos con el fin de demostrar que efectivamente vivimos tiempos (¿mejores?, ¿peores?) en los que cada cual goza del privilegio de la libre expresión y, sin embargo, esto se convierte en herramienta enajenante para provocar el efecto contrario. Explico: en la Europa medieval la iglesia era quién dominaba el pensamiento a través de su influencia en la política y el arte. Lógicamente la música no escapaba a su dominio. “Bajo el nombre de canto gregoriano entendemos el conjunto de manifestaciones musicales que se desarrollaron durante la edad media en el seno de la iglesia (…) dirigida hacia los muchos elementos exóticos y profanos que amenazaban corromper la integridad del canto (…). el Papa Gregorio perfeccionó las escuelas de canto sacro que existían en Romay creó la gran schola Cantorum vinculada al vaticano, la cual, durante casi mil años permaneció como centro indiscutible de autoridad musical eclesiástica y cuyas enseñanzas del canto litúrgico constituyeron la norma de todo el orbe cristiano.” (Mila, Massimo. Breve historia de la música. Ed. península. Pág. 20).

En la Alemania nazi, el organismo central encargado de dirigir la actividad cultural en el Tercer Reich emitió una ordenanza que buscaba tener control sobre la música que se escuchaba en el país: “ Las piezas en ritmo de fox-trot (o swing), no podrán exceder el veinte por ciento del repertorio de las orquestas y bandas musicales para baile; En este tipo de repertorio llamado jazz, debe darse preferencia a composiciones en escalas mayores y a letras que expresen la alegría de vivir, en lugar de las deprimentes letras judías; En cuanto al tempo, debe darse preferencia a composiciones ligeras sobre las lentas (los llamados blues, música deprimente y judía negroide americana); de todos modos, el ritmo no debe exceder la categoría de "allegro", medido de acuerdo al sentido Ario de disciplina y moderación. De ninguna manera excesos de índole negroide en el tempo (el llamado jazz) o en las ejecuciones solistas (los llamados "atonales “como schoemberg y hodegger) serán tolerados. Las llamadas composiciones jazzísticas podrán contener hasta un diez por ciento de síncopa; el resto debe consistir en un natural movimiento "legato" desprovisto de histéricas inversiones de ritmo características de la música de las razas bárbaras y promotoras de instintos oscuros extraños al pueblo alemán; Queda estrictamente prohibido el uso de instrumentos extraños al espíritu del pueblo alemán, como así también el uso de sordinas que convierten el noble sonido de los instrumentos de viento y bronce en aullidos judíos; También quedan prohibidos los solos de batería que excedan la mitad de un compás en tiempo de cuatro cuartos, excepto en los casos de estilizadas marchas militares (http://www.stormfront.org/forum/t702226/)

Es evidente cierta similitud de tiempos tan oscuros como los anteriormente mencionados, con la actualidad. El derecho que nos asiste como ciudadanos colombianos a la libre expresión queda en entredicho cuando la posibilidad de difundir nuestro producto artístico pasa por el filtro de las grandes cadenas de radio y televisión que imponen la música, la literatura, el teatro y la pintura que deben “consumir” las grandes masas. ¿Acaso cuando se habla de la libertad de expresión, se refiere a la libre expresión de caracol, rcn y mtv? Hace poco escuché que el costo (sí, leyó bien, el costo) por aparecer en la sección de farándula de un noticiero nacional es de treinta millones de pesos. Y ni hablar del impuesto subrepticio (payola) que cobra la radio por difundir a través de su programación la canción de un artista.

Paradójicamente, la música prohibida en nuestro país no es aquella que se refiere a la mujer como “perra” o que menciona los órganos reproductivos de hombres y mujeres con “ingeniosa rima”, sino todo lo contrario. Los artistas que se toman la molestia de componer con rigor estético, explorando nuevas posibilidades armónicas, tímbricas y rítmicas, apelando al encanto de la historia bien narrada, quedan al margen por no pertenecer, al mejor estilo medieval, al circuito que gobierna el pensamiento general. Mientras tanto, viejas y nuevas generaciones asisten a conciertos pagando cifras absurdas que impulsan y sostienen el gran negocio de la  incultura.

No son pocos los ejemplos de artistas músicos que debieron abandonar sus países por temor a ser asesinados, solo porque sus canciones atentaban contra el sistema. Y nos siguen vendiendo la idea de país libre donde tienen cabida todas las formas de pensamiento y expresión. Estrategia de marketing para promover absurdos y engañar incautos.

Ya llega diciembre y, con él, el ruido de las emisoras. Me alisto a escuchar en cada esquina toda la belleza de la música parrandera:
“mostrame tu apachurrao, que lo quiero conocer”….


Iván León